Dónde amarrar el caballo — Invermedios
Amarra el caballo donde diga el dueño

Dónde amarrar el caballo

Rafael Pérez 19 septiembre 2011 : 11:32 am 1.298 lecturas

Desde Invermedios trabajamos con diferentes organizaciones en la mejora de sus estructuras, procedimientos y controles desde una perspectiva sistémica. En concreto, implementamos el conjunto de buenas prácticas —framework— de gestión que reunió Peter Senge en el Centro para el Aprendizaje Organizacional del MIT. (No tenemos ninguna relación con ellos, solamente tomamos su framework y lo implementamos.) El corazón de Probos, nuestra herramienta de software, sigue también un modelo sistémico y vez tras vez ha demostrado su utilidad. El principal problema que hemos encontrado en nuestras implementaciones no es la reacción al cambio por costumbre, sino y muy tristemente, la reacción al cambio por miedo al dueño. Cientos de malas prácticas que arropan a las organizaciones y afectan a todos sus relacionados (clientes, colaboradores, inversionistas) están allí por una combinación malsana entre un jefe imponente y un empleado o consultor mediocre, la máxima conformista se resume en un triste refrán: el caballo se amarra donde diga el dueño, ¡aunque se ahorque!

Seguir un modelo sistémico permite que se analicen los problemas de las organizaciones desde su causa raíz. Regularmente las soluciones se detienen cuando aparece un gran obstáculo, pero desde la perspectiva sistémica se busca el trasfondo de la barrera y desde allí se comienza a mejorar.

Donde diga el dueño

Recuerdo una vez en la que estábamos reunidos para la mejora de un proceso con el equipo de gerentes de una empresa. Era una reunión previa (informativa) a otra (ejecutiva) en la que participaría el gerente general que era al mismo tiempo el principal propietario. Ante tres alternativas para la solución del problema todos los gerentes eligieron mecánicamente la peor, pues no estaban decidiendo lo que era lo mejor para el negocio, sino, qué era lo que tradicionalmente había aprobado el gerente general. Como es natural, nosotros impulsábamos la que entendíamos era la mejor alternativa y todos estuvimos argumentando a favor de una o la otra por un buen tiempo. Al final, uno de los gerentes quiso cerrar el tema con la peor de las alternativas y dijo el lamentable refrán: —Entiendo que la mejor alternativa es la que ustedes sugieren, pero el caballo se amarra donde diga el dueño, ¡aunque se ahorque!

Dónde no se ahorque

No podemos amarrar el caballo donde diga el dueño, pues a nosotros nos pagan para que el caballo no se ahorque.

Tuve que contenerme un poco, pues realmente me molesta mucho esa actitud, pero pude responderle con calma. No podemos amarrar el caballo donde diga el dueño —le respondí—, pues a nosotros nos pagan (precisamente) para que el caballo no se ahorque; si se ahorca el caballo, nos quedamos sin trabajos nosotros, ustedes y también el dueño. Al final todos nos reímos un poco y decidimos presentar dos alternativas de solución: la mejor alternativa y la que los gerentes entendían que el dueño esperaba recibir. Argumentamos a favor de la mejor en la reunión ejecutiva y se terminó aprobando. Nos paramos de la mesa y el dueño me preguntó la razón por la que presentamos esa segunda alternativa tan pobre teniendo de antemano la mejor solución. Naturalmente le respondí: la presentamos, porque su equipo quería que se ahorcara el caballo.